miércoles, 6 de diciembre de 2017

Naturaleza y esencia

He salido hoy con la intención de recoger hojas rojas de otoño, como hago cada año, para llevarme así un trocito de campo a casa y representar la madre tierra en mí. Sin embargo, había tanta diversidad de hojas, cada una con su propio color, forma, medida, que he ido recogiendo y abrazándolas como hago ahora con las emociones y situaciones de mi vida. Todas me sirven, no hay buenas o malas, todas son. Después he visto las florecillas lilas caídas, tan hermosas, que las he añadido.
Por un momento, me he dado cuenta de que estaba desechando aquellas que no estaban perfectas, que tenían partes marchitas, o quemadas por el sol. Y he decidido recogerlas, recordándome en los tantos momentos y estados del día, a ratos viva, a ratos caída y sombría. Qué belleza la manera en la que la naturaleza se comunica con nuestra esencia. Qué lecciones sencillas e importantíssimas están disponibles cuando estás presente, a pesar de síntomas, ansiedades y tristezas. Alguien me dijo hace poco que, para volver a conectar con el amor, me centrará y visualizará a alguien o algo por quien lo sintiera y fuera respirándolo y trayéndolo a mi corazón.
Como ahora todo me afecta de formas desconocidas y me siento confusa o siento miedos, lo que encontré para visualizar sintiendo, fue la imagen, el olor y sensaciones corporales al contemplar las hojas de otoño que forman mandalas al caer de los árboles. Ese Amor natural me colma el corazón y me lleva a sentirme unida al mundo, a la tierra, a todo. Y eso me maravilla, me nutre y me cura.

Todo es luminoso

Hoy he disfrutado creando bonitas hojas con papel de scrapbooking que dejan su huella en estas imágenes, que traen la naturaleza al interior de mi hogar. Echaba de menos esa visión, el olor, las sensaciones que producen a través de mis sentidos, viajando directamente al alma, esa bella alma mía que está recogiendo tanta fortaleza en esta etapa de mi vida. Cuanto poder y magnificencia vamos reuniendo, mujeres y hombres, mientras vivimos. Pocas veces somos conscientes de los potenciales que desarrollamos y que no son aquellos que nos venían dados y que habíamos imaginado, sino los que la propia vida despierta en cada uno de nosotros, momento a momento, día a día, etapa tras etapa, para traerlos a la conciencia, para que nos conozcamos a fondo, para sorprendernos y maravillarnos.
Siento que, todo aquello que no vivimos fluidamente, con alegría y amor a primera vista, también es luminoso. Que no es saludable esperar ser felices tan sólo cuando todo fluye fácilmente dentro y fuera de nosotros, porque hay muchos momentos que son diferentes, donde la alegría no es la protagonista, donde la tristeza se ha instalado cómodamente y se niega reiteradamente a marchar. O como cuando no consigues conseguir estar bien, y te sientes extraña dentro de ti misma, costándote mucho reconocerte en esa persona a través de la cual te estás experimentando. Se hace duro, pero la guía que me llega desde hace tiempo, es que no nos apeguemos a los papeles, a los roles, a las personalidades, que las vidas son muchas y desde el ser podemos apreciarnos como lo eterno, lo siempre permanente.
Que esa dificultad para reconocer a la que antes conocía como yo, me desidentifica, y me conduce a despertar la divinidad que yo soy, sin apegos y sin condiciones.
El amor que voy conociendo ahora es muy diferente al de otras épocas, más real, más presente, menos alegre pero de alguna manera pleno, y, aunque a veces me genera vértigo, cuando no está, lo echo muchísimo de menos.

Dejar atrás el pasado

Busco el equilibrio entre el soltar el pasado y mirar hacia delante sin quedarme atrapada en nostalgias, recuerdos, imágenes, emociones. Sin embargo, cuando percibo el enfocarse, el avanzar sin mirar atrás, hay algo en mi que se siente incómodo o no del todo conforme. Porque lo que siento que necesito es progresar en mi camino sin volver a ignorar. Como si hubiera una posible ceguera que impidiera que el pasado en el presente fuese una realidad, y que obstaculizara asumir aspectos de lo vivido que he de contemplar, aceptar e integrar.
En este momento en que elijo salir de mi pasado para caminar con determinación, elijo también el no ignorar, el abrir bien los ojos y la mirada, la del corazón, la del estómago, la del vientre, para acoger en el presente lo que será pasado, para no seguir cargando y acumulando emociones, dolor, estados que necesitarán en algún momento ser reconocidos, vistos, asumidos. Es como vivir al día sin dar la espalda a lo que me surge dentro, sin huidas, presenciando, aunque me cueste o sea molesto. Creo que el estar presente en todo lo que en mi vida me ocurre, llegará a ser un bello y saludable hábito, que emanará una felicidad especial, como la que ya empiezo a sentir ahora. Tranquila, verdadera, honesta.

pectos de lo vivido que he de contemplar, aceptar e integrar.
En este momento en que elijo salir de mi pasado para caminar con determinación, elijo también el no ignorar, el abrir bien los ojos y la mirada, la del corazón, la del estómago, la del vientre, para acoger en el presente lo que será pasado, para no seguir cargando y acumulando emociones, dolor, estados que necesitarán en algún momento ser reconocidos, vistos, asumidos. Es como vivir al día sin dar la espalda a lo que me surge dentro, sin huidas, presenciando, aunque me cueste o sea molesto. Creo que el estar presente en todo lo que en mi vida me ocurre, llegará a ser un bello y saludable hábito, que emanará una felicidad especial, como la que ya empiezo a sentir ahora. Tranquila, verdadera, honesta.

Amar lo femenino

Copio aqui, en el blog, algunas entradas de mi Facebook,Ana Villanueva Arbol de la Vida, para compaqrtirlas con personas que no lo sigan.

"A veces percibo una oscuridad en el lado izquierdo de mi cuerpo, lo femenino, que reconozco, no tan solo a nivel personal, sino como frecuencias de lo colectivo, algo que tiene relación con cómo nos hemos visto y sentido las mujeres durante muchos tiempos. Sombra, rabia, autodestrucción, vibraciones que generan irritabilidad, descontento y resentimiento.
Lo femenino es fuerte, es noche silenciosa, es recipiente, es inteligencia intuitiva, es sabiduría.
Esa oscuridad que percibo y que lucha entre permitirse salir y ser sentida, es cómo nos hemos visto  a nosotras mismas, encerradas en la impotencia, en la insalud, guardando el dolor en nuestros cuerpos, nuestros úteros.
Y seguimos ahí en algunos aspectos. Todavía hay partes nuestras incapaces de reaccionar ante el abuso. A veces no sabes cuándo es abuso y cuando no lo es, cuando has de poner límites y cuándo te lo estás tomando muy a la tremenda. A veces las mujeres reaccionan de antemano, defendiéndose o protegiéndose en exceso, impidiendo la relación consciente, la comunicación en presencia, la verdadera conexión con el otro.
Otras veces nos amordazan caparazones, bloqueos, que nos mantienen atadas inconscientemente, viviendo entre muros de miedo antiguo, de desconcierto, protegiéndonos de lo que provocó nuestro olvido.
A veces, se vive sin voluntad clara y sin dirección interna. Se vive mucha vida sin ser conscientes de aquello que ha quedado congelado en algún momento del pasado.
Encuentro que es muy hermoso y reparador acercarse a una misma, en soledad o en compañía, con la intención amorosa de abrazar nuestro vientre, nuestro corazón, nuestra alma, hacernos vibrar a través del canto, de la risa y del llanto, y sanar nuestra decepción, el dolor, la confusión, el miedo a la vida y a la muerte, porque somos para nosotras nuestra alma gemela, nuestra más presente amiga, a quién más y mejor sabemos en realidad, amar."

lunes, 14 de noviembre de 2016

En mi viaje hacia la sensatez

En mi viaje hacia la sensatez, me descubro entre la evasión, la desconexión, la risa enloquecida, los barbitúricos mentales y el deseo de felicidad, el estar, el ser.
Y en el camino se desata mi sombra, asombrada de ser percibida, reclamando amor. Negación, búsqueda de la luz, reconocimiento de desechos, náuseas, me acosan.
Y viajando hacia la realidad, llena de agobios, desgaste, miedos, sinsaber, dolor, el reencuentro de mi, fortaleza, consciencia, amor.
Corriendo hacia la luz sin huida.
Aceptando los pasos del camino.
Viéndome en todo, abierta a no ocultar, a no reprimir, a no ahogar, a no tapar sistemáticamente, a mostrarme, a dejarme ver, tal cual.
Luz y oscuridad, verdad.
Cuanta más verdad de mi, más presencia.

Y experimento que me sienta bien, que agradezco no tener que estar siempre fuerte y dispuesta. Permitirme pedir apoyo, acompañamiento, luz para el proceso, atención, cariño.
Eres fuerte hasta que dejas de serlo o estarlo. Y para recuperarte necesitas sentirte amada, mimada, requerida, poder expresar la necesidad.

Hay tanto por dejar salir...residuos de mi historia.
Ahora hasta amo mi ego, tan glorioso, diligente, vistoso a veces y otras tan escondido, pequeño. El ego que lleva mostrándome a mí misma toda una eternidad, con tanta claridad...hoy te lo agradezco, fiel secretario de mi esencia, trabajador incansable e insistente.
Cuánta belleza humana se despliega entre visiones, estados raros, pálpitos, emociones incontrolables, pesar, desesperanza para volver a esperar, teñidos, engaños, y también sonrisas, brillos, ternuras, sabiduría.
Viajando hacia la esencia, esta vez obligada para no escapar, descubro parajes derruídos, lúgubres, sin sol. Paisajes de luna negra de puro recogimiento. Lugares intermedios, tranquilos. Espacios desorientados, tristes, confundidos. Y momentáneos pasajes resplandecientes de luz intensa, de acuerdo, de recuerdo, de paz, amorosidad, armonía y serenidad.
Voy, recuperando mi voz, silenciosa o a gritos. Todo está bien, entrando y saliendo del lodo, del apego. Y tocando en breves instantes la luz del sol que se abre, luminoso, para sanarme, para que me de cuenta, para que corra de mis trampas, para que tome mi libertad y viva desde la consciencia, eternamente agradecida y renacida.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Respiro el miedo

Recojo la noche que remueve mis miedos. La observo. Dejo que lo que se mueve desde dentro se asome, sin huirlo.
Respiro el miedo, me abro y sobreviene el llanto. Me abrazo, deseando ser para mi niña, la mejor madre del mundo, sosteniéndola con mis manos. Envolviendo sus miedos del pasado, sus percepciones desubicadas, su tristeza, su sentirse pequeña en un lugar enorme, espacios de emociones excesivas, de autoridades gigantes para ella.


Aquí estoy, mi niña, estoy contigo, nunca voy a abandonarte. 

Pide, te escucho.
Llora, te acojo, te beso.

Y si te asustan los ruidos, el sonido del atardecer, los colores oscuros a través de la ventana, mira, observa, sin esconderte. Deja caer la noche con su fuerza en tu templo, en tu cuerpo. 

Respira, acúnate en mí, te abrazo, te sostengo.
Hoy despierto para ti el amor adulto que mereces. Respira, déjate amar fuerte.

Y en la oscuridad nocturna se encenderán las estrellas y brillará la luna. Y en tu hogar se iluminará una vela que representará tu esencia, ese brillo tuyo que olvidaste.

Y la noche devendrá silencio deseado, sueño, calma, y a lo lejos se verá, eterna, esa luminosidad nueva que muestra que ahora, te sientes profundamente amada.

VOLVER A UNO MISMO

A veces andamos seis pasos por delante de lo que en verdad podemos caminar. Y esa parte nuestra que no nos es posible atender porque se va quedando atrás, mientras corremos, se arrastra inconscientemente, llevada por la inercia de la mente que olvidó mantenerse conectada al sentimiento, incapaz u olvidada de estar presente, de acogerse.
A veces nuestra energía masculina, activa, se desconecta de la energía femenina, que representa la quietud, la espera, el acogimiento, la escucha profunda, el sentir. Durante mucho tiempo mujeres y hombres nos hemos sentido fuertes y poderosos para tirar hacia adelante con todo, muchas veces solos, sin pedir ayuda, y sin darnos cuenta del estado de agotamiento real del cuerpo y de la  mente, sin ser conscientes de la necesidad de soporte, de acompañamiento. 
Pasamos años viviendo en una carrera que se da así, prácticamente porque así funcionan las cosas, con poco tiempo para el recogimiento y para soltar por un rato el control. 
Desconsideración, ignorancia de uno mismo, falta de respeto al propio cuerpo, a las necesidades que claman atención y cuidado. Otras veces, vamos buscando esos momentos, vamos acercándonos hacia dentro, tenemos la intención de no alejarnos tanto y sin embargo, ese sentir y esa escucha sigue ocurriendo desde el filtro de la mente, con lo que lo que es real, es difícil de encontrar.


En lo práctico, creo que el hecho de no dejar de estar presentes en aquellos momentos en que las ocupaciones no nos permiten parar, ya es un gran logro. No desconectarse de lo que estamos sintiendo, necesitando, aunque haya que esperar. Se podría incluso, tener una libreta para tal fin, donde apuntar aquello que vemos que estamos necesitando, para que no quede en el olvido y ocurra ese distanciamiento o alejamiento de uno mismo. También sería muy positivo guardar unos minutos antes de acabar el dia para no perder la conciencia de ese momento donde tuviste que olvidarte de ti porque otras ocupaciones te requerían, para no dejarte atrás. Cuando durante la vida vas cediendo parcelas, momentos, necesidades, lo que realmente importa es que lo hagas con conciencia, con aceptación, sin olvido, revisando tu proceso, haciendo listas de prioridades, queriendo verte y sentirte, sin resignarse a la falta de tiempo, al descontrol, al excesivo control y al estrés. No perderse de vista, e ir reduciendo esos pasos que vas por delante de ti mismo.


Porque llega un momento que la propia vida te hace mirar, donde ya no puedes más, donde el desequilibrio es tan grande que no entiendes que te está pasando. Quizás has creído todo este tiempo que estabas creando tu vida y la estabas controlando. O de pronto es el momento de soltar ese exceso de control y por un tiempo te sientes desubicado, raro, extraño en tu relación contigo mismo.

En realidad, no podemos con todo. Y cuando somos plenamente conscientes de ello, pedimos ayuda, replanteamos nuestras circunstancias, y hacemos pequeños o grandes cambios, actitudes, hábitos, pensamientos. 

Cuando hemos creído durante mucho tiempo que podíamos con todo, podemos caer en el drama, en forma de enfermedad, estados emocionales difíciles, y reclamar esa ayuda desde la manipulación, reclamando atención, desconectados de nosotros mismos. Durante mucho tiempo no hemos sabido pedir ayuda, frenar, darnos descanso. No hemos sido respetuosos, justos con nosotros mismos y en nuestras relaciones. Quizás podríamos haber estado más presentes dentro, escuchando cómo estabas viviendo cada decisión, gesto, acción.

Caemos entonces en la desconsideración, ignorancia de una misma, falta de respeto al propio cuerpo, a las necesidades que claman atención y cuidado. Es importante no querer dejar de escuchar las más íntimas necesidades, para estar bien, para no caer en los usados patrones de desvalimiento, dolor, pérdida, abandono de una misma.

Cuando afloja esa necesidad de la mente, de control, es cuando podemos ir a abrazarnos, darnos la bienvenida, en cualquier forma que nos sintamos. Sin defendernos y disimular por no poder más, dejando de sostener la inercia, permitiendo vernos y que los otros nos vean en stop, cayendo en la cuenta del olvido que hemos permitido, de la soledad sentida después de la acción permanente. Sin sentirse menos, ni pobres, ni desdichados, sin verse mal, sin creer que hay algo que no funciona dentro de ti. Aprendiendo a parar y a tenerse en cuenta, creando los escenarios más adecuados a tus necesidades verdaderas escuchadas. Respetando el cuerpo, abriéndose a conocer lo que de verdad ha estado pasando dentro de ti todo ese largo tiempo de inconsciencia.

Volver a uno mismo a veces no es fácil, y menos cuando es tu propia vida la que te devuelve al camino. Pero siempre puedes convertir ese momento, esa etapa de tu vida, en una vuelta al respeto sagrado y profundo hacia la vida, a un reencuentro con todas tus partes, con el amor que pusiste fuera y ahora necesita volverse hacia dentro.

Puede ser difícil, ese nuevo sendero interior, casi una muerte sutil, en la que renaces a una conciencia renovada, a una forma de relacionarte única contigo mismo. Esa es la relación más significativa que siempre tendrás en tu vida, la de tu fuera y tu dentro, la de tu mente y tu corazón, la de la vida en tu cuerpo, la de la unión de todo en un único espacio allí, en el fondo de tu alma.