MARIPOSA DE LUZ
UNA EXPERIENCIA PERCEPTIVA TERAPÉUTICA
Noto una especie de tirantez en el cuello y en el pecho, tiroides y timo, algo cerrado que me cuesta abrir y me mantiene en la actitud de dejar todo fuera de mí: “siento fastidio por todo, no admito que nada de lo que ocurre en mi vida tiene que ver conmigo. Me resisto fuertemente a pensar y a sentir que lo que me está pasando tiene su origen en mí, no puede ser así. Yo siempre he hecho lo que he creído mejor para los que amo. Solo me falta ahora que me digan que todo lo que me están haciendo es culpa mía”.
Siento que no dejo entrar nada. No puedo admitir que lo que sucede en mi vida externa tiene relación conmigo, que tiene que ver con quien yo soy y que puedo aprovechar esta experiencia para conocerme en profundidad, para descubrir, no mis errores sino mi proceso de aprendizaje personal. Si me mantengo en la posición de “esto no tiene que ver conmigo”, la magia de la vida no puede participar en mis cosas. Todo lo que ocurre, me habla de mi, de alguna manera me obliga a aceptar que yo también soy eso, o que todo esto es parte de mi vida y sucede para que yo me haga consciente de cosas importantes que residen en mi interior, esperando que, a través de la película de mi vida, pueda hacerme consciente de mis cargas, de mis patrones heredados, del viaje de mi alma, de los registros que hablan de quien yo soy en toda su extensión.
Cada vez que no dejo entrar nada, que me resisto y no acepto lo que ha ocurrido, me cierro al amor, a la magia, a la posibilidad de que se transformen las experiencias externas en situaciones llenas de verdad, de luz, de cambio, de alegría y de energía.
“Sé que puedo admitir mi responsabilidad en todo esto, lo sé, pero no quiero que los verdaderos culpables queden sin reconocimiento, que sea yo encima la que haya de tragar con esto.” Y cierro mi tiroides, dejando mi cabeza rebotada por el ego henchido de dolor, latiendo y rechazando todo lo que también puede hacerme bien comprender, escuchar, asentir. Escucharme, reconocer las emociones que hay en mí, reconocer la rabia que mantengo oculta inconscientemente para no verla. Y por eso dejo de conectar con mis primeros chakras, para no encontrarme con mi rabia asentada en la zona sexual, con el dolor de haber sido traicionada, el dolor de no haberme dado cuenta de lo que estaba pasando, mi dolor y mi ira de mujer herida y menospreciada. Y cada vez que me aparto de mi energía femenina para no sentir, mis cargas siguen sin reconocer, atrapadas en mi mente que de esta manera no es capaz de entender nada, cerrándome a la consciencia, cerrándome a saber. El cambio está en mí, la profunda metamorfosis en la que estoy sumergida y que me ciega momentáneamente. He de confiar para permitir que toda esa transformación ocurra. He perdido la dignidad en el tiempo, sin darme cuenta, me he ido perdiendo a mi misma y ahora me encuentro, frente a una situación nueva que no soy capaz de entender porque no sé que la vida es consciencia, y no la falta de ella. Y si para hacerme consciente de lo que he permitido en mi vida necesito vivir esto, pues podría abrirme a experimentar, admitir que mi vida tomó un camino que no era mi camino pero que he fluido en él y que contiene un gran aprendizaje y las muestras y las huellas de mi vida más interna. Y que todo lo que ocurrió en ese largo acontecer, habla alto, me habla a gritos del respeto hacia mí misma. Porque nadie podrá respetarme sino me respeto, si permito el abuso, la manipulación, que aún no habiendo podido evitar, hoy sí reconozco. Y eso me ha de llevar no a culpabilizar fuera, sino a verme, a escucharme, a recordarme a mí misma, la que antes era, la que quedó paralizada todo este tiempo, la que se olvidó de sus ilusiones, la que se entregó sin medida y no vió y no sintió y no expresó su disconformidad con lo que estaba viviendo. Posiblemente entregué mi poder, sin saber, y salí de mi centro para entregar mi cetro a mi secuestrador, al que manipuló mis ideas, al que traicionó mi esencia, al que mintió, al que no hizo más que hablarme alto de que él también estaba perdido, no formado, sin madurar, sin crecer, sin amar.