Es curioso cómo los miedos pueden aparecer en nuestra vida como portales
de consciencia. En un momento determinado puede asaltarnos el miedo
frenando nuestras decisiones o generando dudas sobre nuestros planteamientos. Y
esos miedos, en este momento tan especial que vivimos en la Tierra, están muy
presentes, claro, surgen desde nuestro interior porque son los que nos abren a
perspectivas nuevas, a posibilidades, a la sanación y transformación. Nos abren
la puerta al Amor verdadero del Ser.
Hace un tiempo, desde este verano pasado que pasé por toda una profunda
limpieza de mis miedos (como habréis visto en el blog, hubo varios escritos en
esa época sobre el tema), decidí que no dejaría de hacer nada a causa del
miedo. Todo aquello que se me planteara de pronto cuesta arriba porque me
invadía el miedo solo pensarlo, iba a acogerlo en mí y tirarlo para adelante. Decirme
a mí misma: voy hacia adelante a pesar de ti. Sí, porque no quiero que mis
decisiones estén tomadas en base al miedo que siento, quiero que estén
sustentadas por otras cosas, otros valores, por el amor hacia mí misma. Y me
amo cuando no me pierdo en ese estado que me sobrecoge y me paraliza.